El trabajo artístico facilita la reconexión entre cuerpo y mente, promoviendo una mayor conciencia corporal y emocional. A través de materiales, movimientos y sensaciones, la persona recupera la percepción de seguridad emocional en su propio cuerpo. Esta reconexión favorece el autoconocimiento, permitiendo reconocer señales internas, límites y necesidades de manera respetuosa.


