El arte funciona como un lenguaje emocional profundo que permite expresar aquello que muchas veces no puede decirse con palabras. A través de la expresión no verbal, las personas pueden dar forma a emociones contenidas, vivencias difíciles y experiencias traumáticas de manera segura y simbólica. Este proceso facilita el procesamiento del trauma y favorece la liberación emocional, respetando el ritmo personal y evitando la revictimización.


